El origen del intercambio de alianzas se remonta a los Egipcios, para ellos el anillo era un círculo que representaba una forma sin principio ni fin, es decir, el infinito, el amor eterno, y se hacían entrega el día de la boda.


Estos anillos podrían ser hechos de tela, metales e incluso algunos de oro.


Con el paso de los años, siguieron estas costumbres de intercambiar los anillos los Griegos, que fueron quienes empezaron a colocarlo en el dedo anular, ya que creían que en ese dedo había un avena que conectaba directamente con el corazón y a la que llamaban “vena del amor” o “vena Amoris”, por lo que el anillo debía llevarse ahí mientras el corazon latiera. 


Fueron los griegos los que también instauraron la costumbre de grabar inscripciones en el interior del anillo como el nombre y la fecha del enlace.
Posteriormente los romanos fueron quienes terminaron de arraigar esta costumbre como un símbolo indispensable en la ceremonia del casamiento.


Luego de miles de años de evolución de lo que significa el intercambio de anillos de boda, las parejas actuales aún optan por obsequiarse alianzas para representar la importancia de su compromiso de amor y el elegirse mutuamente.